Los planes de Dios son perfectos. No son regulares y mediocres como los nuestros. A menudo, el ser humano ha matado, injuriado, desprestigiado, sometido, dominado a otros, se ha arrogado poderes, ha dictado leyes (como el levirato) con la finalidad de perpetuarse y sobrevivir a la muerte.
Pero ninguna de esas proyecciones le ha funcionado, porque los planes de Dios son distintos al de los nuestros. Debido al alto contenido vanidoso de aquellas proyecciones humanas, Jesús les dice: «en la vida eterna ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio«.

