Por el bautismo somos hechos hijos amados de Dios. Ser hijos de Dios significa que somos sus servidores, elegidos y seguidores de Jesús que «pasó –por este mundo– haciendo
Jesús se entristece al ver que sus paisanos son menos agradecidos que el samaritano. Frecuentemente nos dirigimos a Dios pidiendo favores, pero Jesús nos recuerda que la mejor actitud