Al igual que a los discípulos, muchos acontecimiento que suceden nos parecen fantasmas. Por ejemplo: que somos una colonia China, que lo sensacional nos gusta, que las mujeres no necesitan de los hombres, que está bien que hombres y mujeres se cambien de sexo, etc. Todo esto genera desconcierto, caos, confusión, a veces, miedo. No sabemos decir, con exactitud, que pasará en el futuro.
Pero Jesús nos dice una vez más: «no tengan miedo«. En ese mundo desconcertante, a veces en medio de sorpresas tristes, sigue vigente su voz. Porque él sabe que la respuesta está en no desfallecer, y en confesar su nombre como Pedro: «Verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios» y a eso hemos venido hoy. Nos sucede como a Nathanael Hawthorne que, habiendo perdido su puesto en el gobierno, regresó a su casa muy triste, preocupado, casi desesperado. Su esposa, en lugar de reprocharle, lo abrazó diciendo: «ahora podrás escribir tu libro«. ¡Qué mujer más impresionante! Y Nathanael recobró el animo y escribió «La letra escarlata«. Con ese libro se hizo conocer por todo el mundo.
Así de comprensivo, atinado y suave (como brisa suave en la que Dios se manifestó a Elías) es la pedagogía de Dios. Si así es Dios con nosotros, nosotros hemos de practicar el arte de comprender, advertir, escuchar, motivar, corregir, a los que están perdidos y descarriados. Pero, nosotros, a la hora de la hora, somos muy torpes, desconsiderados, bruscos y coléricos. Esa actitud hemos de corregir. Pidamos al Señor que nos dé un buen genio, para mejorar nuestro carácter y parecernos más a Dios.

