Todas «las Escrituras fueron escritas para enseñanza nuestra». Hoy nos insisten en la necesidad de convertirnos, es decir, que es posible cambiar. Cambiar una fe ordinaria en una fe inquebrantable. (Es verdad que jamás dejaremos de tener problemas, pero sí podemos llegar a tener una fe inquebrantable). De ahí la pregunta: ¿Cómo tener una fe inquebrantable?
- Cuando pasamos por la prueba. Dice la Biblia: «El que cree estar firme, mire que no caiga». A menudo entramos en un estado de comodidad. Pero son las pruebas las que nos ayudan a recordar que nuestro corazón siempre ha de estar puesto en el Señor Jesucristo. Las pruebas son sucesos impactantes que Dios permite para cambiar nuestros planes. Por eso es necesario caminar con gozo en las pruebas y Dios hará posible lo imposible. Nuestro verdadero soporte no es nuestra empresa, redes, cuenta bancaria, sino la gracia de Dios. Y esto exige colocar a Dios en primer lugar.
- Cuando pasamos por la obediencia. Nuestra mayor autoridad es obedecer a Dios. Cuando obedecemos a Dios, nuestra vida puede cambiar. Abraham, en cuanto recibió las órdenes de Dios, al día siguiente, se puso en marcha (Gn 22,3). La obediencia nos llevará por un camino que no queremos. Pero, cuanto más obedezcamos, mejor nos irá en la vida y se fortalecerá nuestra fe.
- Cuando nos enfocamos en la respuesta divina. Generalmente nos enfocamos en la respuesta humana. Una esposa que está rota necesitará enfocarse no en lo que está haciendo el esposo sino en lo que Dios ha dicho que él puede hacer. Por ejemplo: para Abraham lo más importante no era su hijo sino Dios. Cuando Dios ve que Él es lo más importante, cuando ve que estamos convencidos de que Él está con nosotros, entonces se activará su respuesta para nuestra vida. Porque donde no hay firmeza, no se puede construir nada.
