Un compañero de colegio, me dijo un día: «nosotros sí, con mi enamorada, somos más que esposos. Si hay un castigo, el castigo del infierno es muy poco para nosotros». Él sabía de la situación que vivían con su supuesta enamorada. Sin duda, no eran más unos chiquillos. Vivían como pareja clandestinamente. No sabían sus padres. Pero para una verdadera pareja, nada mejor que estar en la gracia de Dios. No somos ganado o bestias. Somos personas y seres racionales.
Para estar siempre bendecidos por Dios, «hay que nacer de nuevo. Hay que nacer del Espíritu«, es decir, a la gracia de Dios. Para eso Jesús nos dio el Espíritu Santo, para resistir contra el mal. Gracias a los frutos del Espíritu: la mansedumbre, la castidad y el dominio de sí mismos, nos es posible moderar la concupiscencia y la inclinación a lo sensual.

