Sabemos que la salvación de Dios es universal, para todos. Por eso la mujer Cananea recibió el milagro de la curación de su hija atormentada por el demonio, después de haber cumplido estas 3 condiciones que le agradan a Dios:
- Humildad de corazón. La Cananea se reconoció totalmente necesitada de Dios. Por eso fue a «postrarse ante Él y le dijo: ¡Señor, socórreme!». Y consiguió el milagro. El maestro le enseñó a su discípulo: «Si uno quiere ser coronado por los dioses, no debe airarse cuando son maltratados e insultados, ni estallar de alegría cuando son felicitados y alabados».
- Confianza en Jesús. La Cananea confió en que Jesús como salvador y redentor tenía un gran corazón. Por eso, el propio Jesús, con asombro, le dice: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y ocurrió el milagro, así como le sucedió al biólogo Francis Collins.
- Perseverancia. No se cansó jamás de pedir el favor. Fue insistente, hasta conseguir el milagro de la curación de su hija. Dice Henry Ford: «Desistir es la salida de los débiles, insistir es la alternativa de los fuertes».
