Hay mujeres que por naturaleza son dulces, pero hay otras que confunden ser fuertes con volverse duras. Por ejemplo: las feministas. ¿Sabes? La dureza no atrae a los hombres, porque saben que esta no es más que un caparazón que oculta la vulnerabilidad.
Sin embargo, la sensibilidad y la dulzura de una mujer puede conducir a una fe muy grande. Se necesita una sensibilidad enorme para confiar en alguien valioso como el Maestro, Jesús. Por eso éste le habla de su nombre y le confía la misión de comunicar su resurrección a sus discípulos.

