«Quien cumpla la Ley de Dios será grande en el Cielo» dice Jesús a los suyos. Los progresistas, en todas sus formas, han promovido una mentalidad de resentimiento, odio, violencia, rencor, incultura e irrespeto a todo aquello (sean personas o instituciones) que representa la legalidad, los buenos modales, el respeto, la historia, la cultura sana y la ley.
Para contrarrestar esas ideas progresistas, que se caracterizan por arrogarse la posesión de la verdad, en nombre de la postverdad (donde libertad se comprender como ‘hacer lo que al sujeto le plazca‘), Jesús propone el cumplimiento pleno de la ley. Esto implica observar plenamente tanto la letra como la práctica de la ley. En eso consiste el mérito de Jesús: en la elección del cumplimiento pleno de la ley y en someterse a sus prescripciones cueste lo que cueste.
Por tanto, cumplir la ley a medias (según los propios caprichos y opiniones) no sirve de nada. En cambio, el cumplimiento pleno de la ley libera. Entonces, ¿qué nos conviene? ¿Cumplir plenamente o cumplir a medias la ley? Para ser consecuentes, hemos de elegir el camino del cumplimiento pleno, tal como Jesús lo hizo.
