El año 202 el emperador Severo estableció que los que siguieran siendo cristianos y no quisieran adorar a los falsos dioses tenían que morir martirizados.
Entre los que fueron condenados al martirio estaban Perpetua (una joven madre) y Felicidad (que estaba esperando un hijo). Junto a ellas fueron también condenados tres diáconos. El emperador había determinado que los tres hombres serían echados a las fieras del circo y las dos mujeres serían amarradas y echadas ante una vaca furiosa para que las destrozara. Los primeros murieron devorados por las fieras y, las segundas, por no querer llevar el atuendo de las religiones paganas, fueron condenadas a la muerte.

