El dicho «Feliz de ti por haber creído» significa que los creyentes somos felices al creer. Por eso, Isabel, una mujer profundamente creyente, le dice a María: «Feliz de ti por haber creído, porque se cumplirá todo lo que el Señor te tiene dicho«. Esto no es sino una alabanza a la fe de nuestra Madre la Virgen María.
Confiamos en un bus, incluso sin conocer al chofer; confiamos en un avión, incluso sin conocer al piloto; confiamos en un barco, incluso sin conocer al capitán. Entonces, ¿por qué no confiamos en la vida si el conductor de la vida es Dios? De la falta de fe, brotan todos los males y todos los achaques.
Un chofer de tren, dijo a un sacerdote: «a veces estoy tan aburrido que tengo los pensamientos de descarrilar el tren y que todos muramos«. El sacerdote le preguntó: ¿Por qué no lo hizo? El hombre contestó: «por miedo a la cárcel». El religioso replicó: «pero, después de muerto, ya no podrán encarcelarte». Entonces, se explicó el chofer: «lo que me detiene en realidad es el pensamiento en el juicio ante el Tribunal de Dios. De ese juicio nunca podré librarme. Por eso necesito estar lleno de buenas obras para salvarme y no de cosas que me atraigan el castigo y la condenación«.
Quizás, esa consciencia del chofer hemos de tener siempre para no caer en el pecado y tener una gran fe porque felices serán los que creen. Pues Dios es la razón de nuestra fe y Él es el único que nos engrandecerá, nos hará grandes como a la pequeña ciudad de Belén, porque de las buenas noticias que llevas depende la salvación de muchos, de las buenas obras que haces depende tu propia salvación. ¿Crees esto?
