Heráclito de Éfeso dijo en una ocasión: «Nadie se baña dos veces en el mismo río«. Con ello quería hacer énfasis en el cambio constante que hay en la existencia. No hay nada estático. Todo está cambiando constantemente. Nosotros mismos estamos sujetos a esa ley de la contingencia.
En nuestra vida de fe podemos ser perezosos, aburridos, fracasados, refunfuñones, murmuradores, criticones, etc. Pero, aún así, podemos cambiar de malos a buenos, de flojos a diligentes, de pobres a ricos. Sólo tenemos que escuchar atentamente la llamada de Dios. La escucha atenta de la voz de Dios tiene el potencial de cambiar el rumbo de nuestra historia personal.

