«El Espíritu Santo les Guiará a la Verdad Completa», dice Jesús. Ciertamente, el Espíritu que procede del Padre y del Hijo, vive inspirando constantemente y nunca se cansará de enseñar la verdad completa. En cada ser humano Él está cumpliendo esa tarea, siempre está completando.
A la autora de «La cabaña del Tío Tom», Harriet Beecher Stowe, le preguntaron un día cómo pudo escribir una historia tan fascinante. Ella les contestó: «Yo no tenía sino que escribir. Las ideas me venían del más allá. Yo sentía que el espíritu de Dios me iba guiando, y que me concedía una maravillosa facilidad». Lo propio sucedía con Haendel. Por eso, otro autor escribió de él: «Un día, desanimado y triste, Haendel fue a pasear por las calles. Entró en una Iglesia y le pidió luces a Dios. Se sintió iluminado. Regresó a su casa y comenzó a componer música. Se olvidó de almorzar, de cenar y de dormir. De su mente y de su pluma brotó una emocionante composición musical. Así compuso su obra inmortal «El Mesías». Posteriormente, todo él tembloroso, al escuchar la interpretación en el teatro, decía: ¿Pero esto lo pude componer yo?». Sin duda, había escrito él en un momento de inspiración en la que el Espíritu del Padre y del Hijo habían actuado en él.
Eso es lo que puede hacer también contigo el Espíritu de Dios. Por eso es bueno invocar al Espíritu Divino para que nos inspire y complete su tarea en nosotros. Entonces podremos dejar nuestro propio legado: artístico, comercial, matemático, literario, filosófico, científico, etc. Un legado que promueva la «comunidad humana», imagen de la Santísima Trinidad.
