El beato Jordán de Sajonia, religioso dominico, solía tener continuos deseos de amoldarse a los demás para poder hacerles el mayor bien posible. Confiaba en Dios y confiaba en las personas.
En el Antiguo testamento el que tenía lepra debía vivir alejado de todos, diciendo «¡impuro, impuro!«. En cambio, en el Nuevo testamento, un leproso —lleno de fe y arrodillándose