Jesús se entristece al ver que sus paisanos son menos agradecidos que el samaritano. Frecuentemente nos dirigimos a Dios pidiendo favores, pero Jesús nos recuerda que la mejor actitud ante Dios es ser agradecidos. Tenemos muchas cosas por las que agradecer a Dios: por el nuevo día, por un nuevo hijo, por el viaje realizado, por estar sanos, por la comida que recibimos, etc.
Por eso el Señor se sorprende: «¿No eran diez los que fueron curados? ¿Y los otros nueve dónde están? ¿No ha venido más que este extranjero para dar gracias a Dios?». Seguro que también se sorprendería que de cada diez católicos, uno solo va a la misa los domingos; de cada diez personas que ganan bastante dinero, uno solo da el 10% a los pobres; de cada diez que viajan y llegan sanos y salvos a su destino, uno sólo es el que va a dar gracias a Dios; de cada diez católicos que se van a dormir, solo uno se acuesta dando gracias a Dios, etc. Sigue vigente la pregunta de Jesús: ¿Por qué los otros nueve no agradecen?
Sin embargo, aún está vigente lo que Miguel de Cervantes dijo: «De bien nacidos es ser agradecidos». Si verdaderamente somos bien nacidos, hijos de Dios, discípulos de Cristo…, tenemos la tarea de desarrollar en nosotros un corazón agradecido e inculcar en los hijos el espíritu de gratitud, como lo hacen las mamás cuando su hijo recibe un regalo, ¿qué se dice? Nunca lo olvidemos.
