Ciertamente, «el que lleva una vida que no es correcta, sucumbirá; mas el justo vivirá por su fe» dice Habacuc. ¿Por qué? Porque el justo «ha recibido el Espíritu de fortaleza, de amor y sobriedad». Por eso San Pablo recomienda a Timoteo: «conserva lo que se te ha confiado». Entonces, ¿qué hemos de conservar? La fe. ¿Qué es la fe? «La fe es la convicción de lo que no se ve y la certeza de lo que se espera». ¿Por qué? Porque la fe es una herramienta poderosa. Por eso dice Jesús: «Si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza y le dijeran a esa morera: ¡Arráncate y plántate en el mar! les obedecería».
Ahora bien, ¿qué nos queda? El desafío de conservar la fe. Eduardo lo conservaba así. Él es un taxista. Le pregunté: ¿cómo has cambiado? Él me dijo: Sí, padre, cuando estuve en EE. UU. un pastor me aconsejó esto. Y me mostró unas tarjetitas con citas bíblicas. El primero decía: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?». La segunda decía: «Si tienes fe, nada será imposible para ti». La tercera decía: «No tengas miedo. Yo he vencido al mundo».
Tú, ¿cómo conservas tu fe? ¿Te confiesas? ¿Vas a la Misa los domingos? ¿Comulgas? ¿Lees la Biblia? ¿Honras a tu padre y a tu madre? Si queremos conservar la fe, hemos de cumplir esto a cabalidad. Entonces la fe será una herramienta poderosa en tu vida y nada será imposible para ti.
