El cristiano es constituido como luz para iluminar a los demás. Por eso San Pablo les dice a los efesios: «Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz». En el Evangelio, quienes debían ser luz prefirieron las tinieblas: no creen y dudan de Jesús. Sin embargo, «un ciego de nacimiento» es el que ve en Jesús al Mesías y cree en Él. ¿Por qué? Porque «Dios ve el corazón, no las apariencias». Dios colma de favores al que tiene un «corazón noble». ¿Qué podemos hacer nosotros para desarrollar un «corazón noble»?
- Aprender a mirar como Dios mira. Saint-Exupéry, siguiendo a Pascal, dice: «sólo se ve bien con el corazón». Ver con el corazón es ver correctamente. Esto implica «aprender a mirar como Dios mira» desarrollando un «corazón noble».
- Vivir como hijos de la luz. Nuestra tarea es iluminar al mundo con nuestras palabras y con nuestro ejemplo de vida. Por eso, tenemos la tarea de dar frutos de bondad, justicia y verdad.
- Aprovechar bien el tiempo. El tiempo es lo más valioso que tenemos. Por eso, el cristiano tiene el deber de aprovechar el tiempo, siguiendo el dicho: «No dejes para mañana lo que debes hacer hoy», o este otro: «Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente». Hay que hacer las cosas oportunamente. Si puedes hacer el bien, hazlo, mientras es de día. Así evitarás lamentarte… Mañana puede ser tarde.
