Dios se refiere a la resurrección futura cuando advierte mediante el profeta Ezequiel: «Yo mismo abriré sus sepulcros y los haré salir de ellos». San Pablo les dice también a los romanos: «El que resucitó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales». En el Evangelio, en el relato de la resurrección de Lázaro, Jesús proclama: «Yo soy la resurrección y la vida». Si Él es la Resurrección y la vida, ¿qué lugar ocupa Jesús en nuestras vidas? Para que Jesús ocupe un lugar privilegiado en nuestra vidas, hemos de:
- Guiarnos por lo que manda y aconseja Dios. Esto implica asemejarse más y más a Cristo. Un niño comentó de Henoc el Patriarca: «era un amigo que caminaba y caminaba hacia Dios, y un día ya no volvió». Nuestra vida, de estar dominados por la carne, ha de convertirse a Dios tal como lo hizo aquel criminal gracias a la lectura Evangelio de san Lucas. Entonces, la muerte será sólo una puerta de acceso a la Vida eterna.
- Desarrollar un corazón amable. Betania representa un lugar amable para los amigos… Así hemos de ser nosotros, como una casa dispuesta a ofrecer cobijo, comprensión, amabilidad, aprecio y paz, para que los pies fatigados de los Cristos puedan descansar.
- Buscar la gloria de Dios. Jesús resucitó a Lázaro no para gloria suya, sino para que resplandezca la gloria de Dios. Esto es, estudiamos, trabajamos, fundamos empresas, nos hacemos profesionales, nos casamos, etc., para gloria de Dios.
