Los Evangelios nos refieren siete palabras que Jesús ha pronunciado cuando estaba clavado en la cruz del Calvario. Son siete palabras, siete cortas frases que nos hace falta meditar para conocer quién era Jesús y cuál era el sentido de su muerte.
Primera palabra: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).
- “En todo pecado hay un poco de ignorancia y de ceguera, y Jesús aprovecha de esto para pedir perdón por los que lo crucificaron” (San Agustín).
- Jesús pide perdón por sus adversarios porque, como dice san Pablo: “el amor todo lo perdona, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta”.
- Jesús nos perdona y nos enseña a perdonar de corazón, incluso en las situaciones más difíciles.
- Siempre es posible perdonar como siempre es posible pedir perdón. De lo contrario corremos el riesgo de cantar por el resto de nuestra vida “Rata de dos patas” junto a Paquita.
- “Perdónalos” es una frase “que hay que oponer a todos los ataques de cólera y venganza, y en todas las ofensas recibidas” (San Bernardo).
Segunda palabra: «En verdad te digo, que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43).
- Jesús sabe premiar con el paraíso a quien se arrepiente de corazón y pide perdón. Le pedimos un centavo y Él nos regala un millón.
- El que está dispuesto a rectificar sus errores alcanzará la paz, logrará sus objetivos, alcanzará la meta, con la ayuda de Dios.
- El que se aferra a Dios, comprenderá que no hay una fuerza más superior que la que viene de Dios porque “la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados sino de las fuerzas que vienen del cielo” (1Macabeos 3,19).
Tercera palabra: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; «hijo, ahí tienes a tu madre» (Juan 19:26-27).
- Delicadeza y caballerosidad en medio del odio y la amenaza de los verdugos que rodean el contexto.
- En ese momento, María es constituida como madre de todos nosotros y, gracias a ese gesto de Jesús, nosotros también somos constituidos hermanos en Cristo. Así como acompañó a Jesús, nos cuida, nos acompaña y nos protege en las dificultades y adversidades de cada día.
- Ella siempre está ahí motivándonos para seguir adelante hasta que podamos cumplir plenamente la voluntad de Dios nuestro Padre.
- De hecho, Jesús ya lo dijo: “Ánimo, yo he vencido al mundo” (Juan 16,33). Al mundo se vence con un gesto de amor.
Cuarta palabra (la palabra central): «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mateo 27:46 y Marcos 15:34).
- Aunque nos sintamos solos Dios no nos abandona. Por eso dice el salmo: “si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá” (Salmo 27,10).
- Jesús vino para mostrarnos que Dios está muy cerca de nosotros, aunque en el mundo hay injusticia y dolor.
Quinta palabra: «Tengo sed» (Juan 19:28).
- Además de querer agua, lo que Jesús más quería era que aceptáramos su amor y su salvación.
- Asimismo, pidámosle que nos conceda sed de hacer el bien, sed de proclamar la verdad, sed de practicar la justicia.
Sexta palabra: «Todo se ha cumplido» (Juan 19:30).
- Jesús se sacrificó hasta el final para por cumplir la misión que recibió de su Padre. Pidámosle su ayuda para poder cumplir nuestra propia misión de amar a Dios y a los demás.
- La obra de Jesús en la cruz es perfecta y acabada. Nada “se añadirá, ni de ello se disminuirá”.
- Que todo se cumplió significa que lo que se ha empezado se ha terminado satisfactoriamente. Nada quedó a medias.
- Por eso dijo san Pablo: “He peleado el buen combate, he llegado a la meta y he conservado la fe”.
- San Francisco de Asís les dice también a sus hermanos: “Yo he cumplido mi tarea, que Cristo les enseñe la vuestra”.
Séptima palabra: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23:46).
- Jesús muere con tranquilidad y paz, confiado en los brazos de su Padre.
- Confiemos en Dios especialmente en los momentos difíciles, Él nos ama y nos protege.
- Como dice san Pablo: “Si Dios está con nosotros, ¿Quién estará con nosotros?”. Esta es la confianza que había que desarrollar en nosotros.
