Dice Jeremías: «hay ¡terror por todas partes. Violencia, destrucción, miedo! Pero el Señor está conmigo como un guerrero terrible«. Para Pablo: «en Jesucristo fue derramado la gracia de Dios abundantemente«. En el Evangelio dice Jesús: «No teman a los que matan el cuerpo… ¿Acaso ustedes, no valen mucho más que las aves?«.
San Agustín cuenta en sus Confesiones: «se encontraba reflexionando en el jardín. De pronto escuchó una voz infantil que parecía decir: «toma y lee, toma y lee». Escuchó más atentamente, y notó que en verdad decía: «toma y lee, toma y lee». Agarró las Escrituras, la abrió y leyó: «basta de comilonas y borracheras. Revístanse de Jesucristo». Después de leer esto, se disiparon todas mis dudas». No obstante, era el resultado de las oraciones de su madre Santa Mónica, que gastó muchas lágrimas por la conversión de su hijo.

