Los 144.00 (número que representa la totalidad de los elegidos) que han perseverado fieles a Dios en la gran tribulación, serán coronados de Gloria. Esta es la gran promesa de las escrituras para todos los hijos de Dios. En cuanto a nosotros, es verdad que «somos hijos de Dios«, pero no lo somos plenamente.
El día en que seamos santos, es decir, el día en que veamos a Dios tal cual es, cara a cara, ese día seremos plenos. Entonces comprenderemos qué significa la Vida Eterna y por qué hemos de hacer méritos para recibir la recompensa del Reino de los cielos.
Mientras tanto, pasar por las tribulaciones, dificultades, injusticias, persecuciones, calumnias, aflicciones, etc. son entrenamientos para esculpir la mejor versión de nosotros mismos: llegar a ser verdaderamente pacíficos, justos, misericordiosos, estos es, llegar a ser santos porque Dios, nuestro Padre, es santo.
