Es relativamente fácil y agradable pedir perdón y sentirse perdonado. Pero perdonar de corazón cuesta muchísimo, quizás debido a nuestra memoria. Nuestra memoria es el lugar donde se guarda todo. Y lo que más nos impacta, siempre vuelve a aflorar. Quizás debamos utilizar mejor la memoria, por ejemplo, para fines más loables y no para manipular nuestro mundo emocional. Eso debió de sucederle a la Paquita al escribir su canto «Rata de dos patas«, por ejemplo. Le costó perdonar, como también a nosotros nos cuesta.
Sin embargo, Jesús insiste a Pedro que en asunto de perdón hay que ser como Dios. Por eso es necesario comprender la siguiente paradoja: la inmensa misericordia de Dios y la raquítica compasión humana.

