Después de la segunda guerra mundial, muchos misioneros salieron de Europa a otros países, teniendo que llegar también al nuestro. Muchos de ellos realizaron una gran labor donde se establecieron. Sin ir muy lejos, Fr. Natacho, llegó a apropiarse tanto del hecho de ser potosino que encarnó la frase de J. A. Sampa: «soy boliviano hasta los huesos, potosino hasta los tuétanos«. La sociedad potosina lo reconoció, pues lo condecoró con el Premio «Vale un Potosí«. Nos enseñó, entre muchas cosas, cómo se ama el suelo donde uno vive.
Ahora bien, a veces los proyectos de Dios son muy diferentes a los nuestros. Por eso quizás, el propio Jesús dice decepcionado: «nadie es profeta en su propia tierra«, debido a que sus paisanos no le daban crédito… En la historia también hay personas como escritores, publicistas, novelistas, cineastas, poetas, entre otros, que quieren desacreditar a Jesús con el resultado de sus investigaciones. Pero, siendo Dios el que tiene la última palabra con respecto a la historia personal, hace que las cosas sean de una manera o de otra. Y, ante ello, no hay nada qué hacer.

