Según sea tu Fe, así será tu Vida, dice el Evangelio. Ciertamente esta frase de Jesús tiene un poder transformador impresionante. Ha logrado cambiar la vida de miles de personas. Pues para el creyente, la Palabra de Dios significa esperanza, regocijo y consuelo.
Por esta razón Jesús le pregunta a un hombre de fe como el ciego Bartimeo: «¿Qué quieres que haga?«. El hombre le contestó: «Maestro, haz que pueda ver«. Es entonces cuando Jesús le dice: «¡Vete, tu fe te ha salvado!«. Es decir, fue curado por su fe en Jesús, el hijo de David, el Sumo Sacerdote, que se ofreció por la salvación del mundo.
Necesitamos tener una gran fe como el de Bartimeo para conseguir los favores de Dios. Hay que tener la fe como la de un niño con relación a sus padres. Tal como se cuenta en la historia de un padre y su hijo que iban en una embarcación y, cuando la barca estaba siendo amenazada por la marea, despertaron al hijo que dormía y éste les preguntó: ¿quien está al frente de la tripulación? El tripulante contestó: Tu padre. Y el muchacho sentenció: Si está él, no hay por qué preocuparse. Él ya sabe qué hacer en tales circunstancias. Así que todo es cuestión de fe. pero para tener esa fe es necesario despojarse de la gran ceguera postmoderna: la de tomar el mal por bien: el aborto, los malos hábitos, la discoteca, el fraude, la venganza, el resentimiento, etc., para recuperar la fe verdadera que nos permita contemplar las maravillas que Dios obra en nuestra vida.
