Al ser humano le cuesta aceptar el escándalo de la cruz. Los discípulos no eran la excepción. También tenían sus propias expectativas con relación a Jesús, ya que era un hombre de gran poder: hacía milagros y tenía palabras de autoridad. Pero, a Jesús se le ocurre advertir: «el Hijo del hombre está a punto de ser entregado en manos de los hombres«. Esto no es aceptado por sus discípulos.
Sin embargo, si uno quiere verdaderamente transformar su vida necesariamente tiene que aceptar su lado amargo, el lado del sacrificio, trabajo, esfuerzo. Siempre se termina prefiriendo una vida fácil. Pero, no. Se trata de cargar la cruz, cueste lo que cueste. Hay que pasar por la penitencia, hay que purgarse por dentro, no hay de otra.

