Natanael representa a un judío recto y fiel, un judío cabal, de ahí su dignidad. Por eso dice Jesús: «Ahí viene un verdadero israelita, en quien no hay engaño«. Se trata de un judío auténtico. Porque desde niños oran. Obedecen todo cuanto hay que obedecer y hacen lo que hay que hacer. No interponen discusiones.
Un hombre le preguntó a un judío: ¿por qué guardan tan estrictamente el sábado? Él contestó: «porque así nos lo enseñaron nuestros padres y así lo hacían ellos«. Ellos no discuten. Ellos guardan estrictamente las fiestas religiosas del Estado Judío. El secreto de su prosperidad consiste en guardar el sábado y en ser obedientes a los mandatos de Dios.
Los arcángeles Miguel (¿quién como Dios?), Gabriel (fortaleza de Dios) y Rafael (medicina de Dios), también obedecen estrictamente a Dios. Ellos no interponen discusión alguna. Así hemos de ser también nosotros, obedientes a Dios. Los hijos deben obedecer a sus padres y ser instruidos en la obediencia a Dios. Los padres deben obedecer a Dios. Pero, para obedecer a Dios hemos de dejar la fea costumbre de discutir o de contradecir. Entonces seremos auténticos creyentes.

