Abraham, acoge a Dios y Él le recompensa dándole descendencia. Marta y María, reciben a Jesús y una de ellas es recompensada con un gran elogio. Pero, nosotros, ¿estamos haciendo méritos para ser recompensados por Dios? Nuestra situación se parece a esto:
- Una mujer me dijo: No sé que pasa en mi casa. Tenemos tres hijos. Él siempre está trabajando y no me dedica tiempo. Yo todo el día estoy en casa. Sufro depresión; siento que ya no tiene sentido mi vida a su lado. A veces pienso divorciarme. Los únicos que me apoyan son mis hijos. ¿Qué puedo hacer? Me preguntó. Yo le dije: valora lo que tienes.
- Soy Samantha. Mis padres trabajan. Yo estoy en el Colegio, en secundaria. Me quedo con mi abuelita. A mi me encanta pintar. Tengo ya varios cuadros. Vinieron con su abuelita y me llevaron a su casa. Apenas los vi, dije: ¡Wow! Pero estos cuadros son fenomenales. Son avanzados. Y la muchacha siguió: mis padres no quieren que pinte. Es más, me prohibieron. Me dijeron que con mis cuadros no voy a ganar dinero…
¿Cómo solucionamos esto? Esforzándonos como dice Pablo: «sufro en mi carne para completar los padecimientos de Cristo»: Primero: Poner a Dios en primer lugar, corrigiendo nuestras incoherencias según sus mandamientos y valorando lo que tenemos. Segundo: Escuchar a Dios en los talentos de nuestros hijos y encausarlos según ellos.
