Santa Rosa de Lima, fue la primera mujer americana declarada santa por la Iglesia Católica. Desde pequeñita, Rosa tuvo una gran inclinación a la oración y a la meditación. Un día, rezando ante una imagen de la Virgen María, le pareció que el niño Jesús le decía: «Rosa conságrame a mí todo tu amor». Desde entonces, tomó la decisión de no vivir sino para amar únicamente a Jesucristo.
Un día se propuso irse de monja agustina, pero en sus súplicas a la Virgen María oraba diciendo: «Oh Madre Celestial, si Dios no quiere que yo me vaya a un convento, desisto desde ahora de esa idea».
Después vio que una mariposa de blanco y negro revoloteaba ante sus ojos. Ella comprendió esto como una señal de que debía buscar una asociación religiosa que tuviera un hábito de blanco y negro. Y descubrió que eran las terciarias dominicas. Ya estando con ellas, imitó muy de cerca a santa Catalina de Siena. Se confeccionó una túnica blanca y el manto negro, y el velo también negro, para cubrir su cabeza. Así empezó a asistir a las reuniones religiosas del templo.
Al ocurrir esta situación, la gente empezó a llamarla: ‘santa’. Ella, al darse cuenta de lo peligroso que era la vanidad, el orgullo y el deseo de aparecer, se fabricó una pequeña habitación en el solárium de su casa.
Sin embargo, a pesar de su esfuerzo de hacer penitencias, para llevar una vida santa, el demonio no la dejó en paz. Experimentó terribles tentaciones y sequedades espirituales, haciéndola sentir horror y asco a la oración, meditación y a las penitencias, de tal forma que la gente comenzaba a burlarse de ella. Habida cuenta de ello, santa rosa protestó amorosamente a Jesucristo, diciéndole:
— Señor, ¿a dónde te vas cuando me dejas sola en estas terribles tempestades?
Entonces oyó que Jesús le contestó:
— Yo no me he ido lejos. Estaba en tu espíritu dirigiendo todo para que la barquilla de tu alma no sucumbiera en medio de la tempestad.
A partir de ese momento, decidió mortificar más su orgullo, su amor propio, su deseo de aparecer y de ser admirada y conocida, con la idea de cumplir plenamente con lo que decía Jesús: «quien se humilla será enaltecido». Asimismo, comenzó a ayunar y a abstenerse de comer carne de forma continua. Comía lo mínimo necesario para no debilitarse y así compartir más plenamente la pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Cuando se sentía atormentada por la sed, le bastaba con mirar al crucifijo y recordar la sed de Jesús en la cruz, para tener valor y seguir soportando todo por amor a Dios. Dormía sobre tablas y, cuando deseaba cambiar aquellas por un colchón, miraba al crucifijo desde donde el Señor parecía decirle: «Mi cruz, era mucho más cruel que todo esto». Y desde ese día nunca más volvió a pensar en un lecho más cómodo.
Finalmente, cuando algunas personas la criticaban por sus demasiadas penitencias, solía decirles: «Si ustedes supieran lo hermosa que es un alma sin pecado, estarían dispuestos a sufrir cualquier martirio con tal de mantener el alma en gracia de Dios».
Santa Rosa de Lima, la más bella rosa que ha producido nuestro continente, no dejes un solo día de rezar a tu gran amigo Jesucristo, por este continente americano tan supremamente necesitado de las bendiciones y las gracias de Dios.
Santa Rosa de Lima, Ruega por nosotros
