Un muchacho de más o menos de ocho años, iba por la calle comiendo un helado. Como caminaba distraído, una bicicleta le atropelló. Su helado se desparramó por el
Jesús consuela a una mujer viuda, cuyo hijo muerto está siendo llevado al cementerio para ser enterrado. Le dice a la mujer: «no llores» y al muchacho le devuelve