Somos «arrendatarios» de los bienes del Reino de Dios. Pero para cumplir con ese cometido, hemos de desarrollar en nosotros una personalidad agradable y simpática. Esto es posible pidiendo
Una señora muy piadosa, cumplidora de sus deberes caseros, que no había hecho ningún aporte para la caridad, las misiones y la difusión del Reino de Dios, había soñado