San Arcadio, fue mártir de la persecución de Diocleciano del año 304, en Argelia, África. Diocleciano había decretado que «todo aquel que se declara amigo de Cristo debía ser
«Tú Eres Mi Hijo Muy Querido, en quien tengo puesta toda mi predilección«, es la voz que se escucha durante el bautismo de Jesús. Esa misma voz de Dios