«Tú Eres Mi Hijo Muy Querido, en quien tengo puesta toda mi predilección«, es la voz que se escucha durante el bautismo de Jesús. Esa misma voz de Dios está dirigido a todos los bautizados, los hijos de Dios. Por eso, el bautismo nos concede cuatro maravillosos dones:
- Nos hace Hijos de Dios. La hija del rey de Francia solía ser muy orgullosa. Un día le dijo a la sirvienta: Recuerde que soy hija del rey. La sirvienta, que no era tan tonta, le contestó: Y usted recuerde que soy hija de Dios. Cuando recordamos que somos hijos de Dios somos importantes y no despreciaremos a ninguna persona por pobre que esta sea.
- Nos hace hermanos de Jesucristo. Al ser Jesus nuestro hermano, somos miembros de la mejor familia del mundo. Nuestro hermano es nada menos que Jesucristo.
- Nos hace templos del Espíritu Santo. Nuestro cuerpo es convertido en templo del Espíritu Santo y, como tal, hemos de conservarlo, protegerlo y cuidarlo.
- Nos hace herederos del cielo. Puede faltarnos muchas cosas. Pero, en el cielo, seremos ricos en todo. Jesús nos dijo: «su recompensa será grande en el cielo«.
Que estos cuatro maravillosos dones que recibimos en el Bautismo, tenga repercusión en nuestra vida cotidiana.
