Las primeras comunidades “tenían un solo corazón u una sola alma” y, esa condición, es necesaria para que crezca la fe. Por ejemplo, la medalla de los holandeses tiene
Hablar de Resurrección es como mirar en diferido el partido de futbol en el que nuestro equipo favorito ya ha ganado. Pero que, a sabiendas, queremos volver a verlo.