San Bernardino de Siena solía enseñar diciendo: «Hay que aprender de las gallinas. Ellas se pelean, se picotean con furia, hasta se sacan los ojos; pero a los pocos minutos olvidan todo, y vuelven a comer, a beber y a dormir de nuevo todas juntas en el mismo palo, en el mismo gallinero. Y para reconciliarse, no necesitan ningún mediador«.
Las codicias, las injusticias, robos, desenfrenos, «todos esos males, salen de dentro, del corazón de las personas«. De ahí las peleas y las incomprensiones. Hemos de aprender de las gallinas, que no necesitan intermediarios para reconciliarse si llegan a pelearse y a dañarse.

