Una turista española le preguntó a una guía soviética: ¿Usted cree en el cielo? Ella contestó: No. Los comunistas no creemos en el cielo. Nuestro único paraíso es el Estado Marxista. Luego de un rato, nuevamente la española preguntó: ¿Piensa usted casarse? La rusa contestó: ¿Para qué? ¿Para tener hijos desdichados como yo? Eso, ¡nunca! La rusa, por tener pensamientos saboteadores de la felicidad, tiene puesta su confianza en el hombre. A estas personas, el profeta le dice: «¡Maldito quien confía en el hombre, pues se ha apartado de Dios!»
Un hombre preguntó a un anciano prudente: ¿qué debo hacer para llegar al éxito? El experimentado contestó: Cuando desee emprender algo, empréndalo ya mismo. No espere los tiempos favorables, porque si eso espera, jamás empezará. El que emprende ya mismo, ese es el que ha depositado su confianza en Dios. A estos le dice también Jeremías: «¡Bendito sea el hombre que ha puesto su confianza en Dios!«.
A la rusa se parecen más los ricos porque, según Jesús, estos confían más en su dinero que en Dios. En cambio, los pobres son susceptibles de confiar en Dios. Estos están en una posición mejor que aquellos. Por eso dice Jesús: «felices los pobres…» y «ay de ustedes los ricos…«. ¿De qué lado estás tú? ¿Del lado de los que confían en el hombre o en Dios? Si confías en el hombre, vergüenza, dolor y muerte encontrarás; si confías en Dios, todo te irá muy bien. Tú escoges.
