El Reino de Dios predicado por Jesús representa la victoria del Bien sobre el Mal en todas sus formas. Esto también equivale a la comprensión de que la Luz es más fuerte que las tinieblas. Por eso dice la escritura: «El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que habitaban en las oscuras regiones de la muerte se levantó una gran luz». He ahí el sentido vivo del Reino de Dios.
El Reino de Dios también es una invitación constante a un cambio de vida, es decir, a convertirse, de las tinieblas a la luz, del pecado a la salvación, de la muerte a la vida, de la mentira a la verdad, etc. Jesús va cambiando la vida de las personas, diciéndoles simplemente: «Sígueme» con la consigna de hacerlos «pescadores de personas». Ellos, dejando las redes, lo siguieron. Aceptaron cambiar. Entonces Él va sanando las enfermedades y dolencias de la gente. Como consecuencia de ello, el Reino de Dios se va visibilizando y se va consolidando la victoria del bien sobre el mal. La misma metodología hemos de aplicar los cristianos: «limpiar los males con el bien» (cf. Romanos 12,21). ¿Qué tipo de males?
- Mentira. Siendo coherentes entre lo que hacemos y decimos.
- Inmoralidad. Practicando los valores y rechazando las incitaciones a la inmoralidad.
- Culpar a otros. Haciéndonos cargo de nuestras decisiones y sabiendo que nadie es culpable de nuestras gracias y desgracias sino nosotros mismos.
- Suciedad. Comenzando a tender nuestra propia cama y colocando las cosas en su lugar.
