En nuestro peregrinaje a Tierra Santa, cuando estuvimos en Roma, los guías del hotel, españoles ellos, dispuestos a acompañarnos hasta el aeropuerto, notamos la ausencia de Gloria. Ella había regresado al hotel para recoger alguna de sus pertenencias que había olvidado. Estábamos por partir en el bus, el guía desesperado y el chofer despotricando, porque ya llevábamos 15 minutos de retraso en relación a la hora fijada.
Pensando un poco, me di cuenta que los retrasos en los compromisos que tenemos los bolivianos es netamente cultural. De tal forma que eso significa que si alguien dice que el almuerzo es a las 12:00 es, en realidad, entre las 12:00 y las 13.00 horas. Estamos moldeados así. No hay escapatoria. Y peor cuando se les dice que debemos dar propina para la guía, todo el mundo despotrica y comienza a emitir juicios. De forma que estar en otra cultura cuesta un montón. Todo lo queremos gratis. Si todo nos regalaran estaríamos más que felices. No hemos sido educados para «dar» sino para «recibir».

