La «gracia de perdonar» de parte de Dios, se contrapone al «absurdo de no perdonar» del siervo malvado. Perdonar significa renunciar a devolver mal por mal, pues es posible devolver bien por un mal recibido. Esto edifica a las personas.
Es inevitable que se produzcan roces y ofensas porque vivimos con personas propensas a la venganza, al rencor, al odio. Por lo que la única forma de ser feliz como hijos/as de Dios es saberse perdonado y perdonar siempre. Una manera de medir la calidad de nuestra vida cristiana, por tanto, es la capacidad de perdonar, expresado en la oración del Padre Nuestro: «perdónanos, como nosotros perdonamos«.

