No hay duda de que el poder y lo fácil son muy atractivos. Pero, conviene tomar en cuenta que «el poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente» (Lord Acton). También dice el dicho popular, «lo que fácil viene, fácil se va«, pues no hay nada que se consiga como con un click o con sólo apretar un botón en la vida real.
Es lo que buscaba la madre de los hijos de Zebedeo. Tener un puesto de poder y llegar con facilidad a él. Jesús les dice que la realidad no es así, sino «el que quiere ser importante, que se haga el servidor de todos«, como el Hijo del hombre «que no vino a ser servido sino a servir«. Por eso dice santa Teresa de Calcuta: «quien no vive para servir, no sirve para vivir«. Es que el servicio define la vida cristiana y católica.
Por ejemplo: cuando llegamos a este mundo, necesitamos de los servicios de alguien; durante nuestro desarrollo, necesitamos de los servicios de alguien; cuando nos vayamos a este mundo, necesitaremos de los servicios de alguien. Es por eso que nuestra vida cristiana se define por el servicio. ¿Cómo estamos nosotros con relación al servicio de nuestros prójimos? A responder a esta pregunta, nos enseña el apóstol Santiago, quien fue el primero en entregar su vida por el Evangelio.

