San José Oriol (1702), fue un gran santo y un gran sacerdote que tenía el don de dirigir espiritualmente a las personas de tal forma que quienes acudían a él con caras tristes, preocupados, acongojados, etc. solían retornar con rostros llenos de felicidad, radiantes, motivados, sonrientes y alegres.
Pero ¿cómo llegó a conseguir esa calidad de persona y radiante de espíritu capaz de alegrar a cualquiera? Un día, pidió a Dios que le revelara en qué condiciones se encontraba su alma y Él le reveló. A partir de ese momento tomó la decisión de no volver a comer carne. Y sólo, después de una ardua rigurosidad con la que observaba el ayuno y la penitencia, teniendo que orar de rodillas durante horas y horas ante el santísimo, consiguió convertirse en una calidad de persona, capaz de dirigir espiritualmente a sus coterráneos barceloneses.

