«El que me ama será fiel a mi Palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él«. Hemos de comprender nuestra vida como una oportunidad de ser fieles a las Palabras de Cristo. Sólo así reflejaremos a Dios en nuestra vida. Para ello hemos de cumplir tres condiciones:
Dejarnos amar por Dios. No podemos dar de lo que no tenemos. Se da de lo que se tiene. Por tanto, nuestra vida es como un espejo y Dios es como la luz. Primero, hemos de recibir la luz de Dios y, segundo, hemos de transparentarlo en nuestra vida. No olvidemos que estamos llamados a ser santos. ¿Qué es un santo? Santo es aquel que transparenta la Luz. En eso consiste la finalidad de nuestra vida: SER SANTOS.
Ser vulnerables a las palabras de Cristo. Significa permitir que Cristo entre en mi vida. Que Cristo habite en nosotros y nosotros habitemos en Él. Sólo aquel que se hace vulnerable podrá acoger a Cristo por completo y dejarse guiar por Él. Los buenos libros ayudan; los consejos, amigos, testimonios, oportunidades, también ayudan.
Ser receptivos. Dios es un caballero y entrará en nuestra vida siempre que nosotros le permitamos. Generalmente solemos decir: «No tengo tiempo», «estoy cansado», «¡qué poco nos ocupamos de nuestros viejos!», etc. Teniendo la oportunidad no nos confesamos, no leemos, no rezamos, no comulgamos. Pudiendo emprender un negocio, no lo hacemos y seguimos como estamos, etc. Si aprovecháramos esas oportunidades que tenemos, sin duda, estaríamos en mejores condiciones.
