El Señor le dice a Israel: «Yo te destino a ser luz de las naciones para que mi salvación llegue a todo el mundo». Ese proyecto de Dios se cumple en el Evangelio, cuando Juan Bautista dice: «Éste es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo… Él es el Hijo de Dios». Sin duda, Él es el salvador, el redentor, la luz de nuestra vida, opacado a veces por el pecado, sufrimiento, oscuridad, mediocridad y la ignorancia. Por tanto, como seguidores de Jesús —quien nos dijo: «Ustedes son la luz del mundo»— ¿Cómo ser luz del mundo? He ahí el reto que hemos de resolver.
- Promoviendo la santidad. San Pablo dice: los bautizados «estamos llamados a ser santos». No podemos no serlo. La «santidad de vida» puede ayudar a muchas personas a convertirse al Señor. Una penitencia, una oración, un ayuno, como lo hizo un sacerdote belga, quien consiguió que un militar retirado se convirtiera.
- Dando buen ejemplo. El ejemplo de vida es la mejor herramienta para educar, formar, sacar de la mediocridad, la ignorancia y crear una cultura superior. Hay una frase que hay que aprender: «Libros para los ricos y pantallas para los pobres». Eso explica mucho la pobreza en la que se encuentra extraviada toda Latinoamérica.
- Viviendo con entusiasmo. Cualquier forma de vida que hayas elegido, ¡vívelo con entusiasmo! Una vida vivida con entusiasmo, por sí mismo, tiene el potencial de brillar. No seas como la serpiente que no soportaba el brillo de la luciérnaga.
