Jesús nos ofrece hoy siete premios gordos: «El Reino de Dios (alma de pobres y los que practican la justicia), el consuelo (afligidos), la tierra como herencia (mansos), saciedad (hambre y sed de justicia), misericordia (misericordiosos), visión de Dios (a los de corazón puro) y llamarse hijos de Dios (a los que trabajan por la paz)». Los sujetos que reciban estos premios serán felices.
De modo que el objetivo es «ser feliz». Tú, ¿eres realmente feliz? He ahí el desafío. Cuenta Tolstói en su historia «La camisa de un hombre verdaderamente feliz», que los emisarios del gobierno recorrieron cielo, mar y tierra buscando la camisa del hombre más feliz del mundo… Cuando la encontraron, le preguntaron al hombre de la camisa si era verdaderamente feliz. Él les contestó: «Sí, lo soy». Entonces quisieron que les regalara su camisa y se dieron cuenta de que aquel hombre era tan pobre que ni siquiera tenía camisa. No obstante, era feliz con su Dios y sus prójimos.
De eso se trata: «ser feliz». En realidad, esa es nuestra tarea y la más importante. ¿Por qué? Porque ser feliz es una decisión vital y el mayor regalo que ha recibido el creyente… Seamos como San Francisco de Asís que, a la pregunta del hermano Masseo, «¿por qué a ti, Francisco?», contestaba: «porque Dios no ha hallado otro hombre más pecador que yo». Y lloraba de alegría y de gratitud. Por tanto, quizás no tengas todo lo que deseas, anhelas y piensas, pero estate seguro de que «tienes todo lo necesario para ser feliz».
