El Evangelio dice que «era necesario que Cristo padeciera, para que entrara así en su Gloria». De modo que Cristo padeció «derramando su sangre preciosa» y «muriendo clavado en la cruz» para rescatar a la humanidad del pecado. De ahí que, en Cristo, el sufrimiento tiene 4 lecciones que enseñarnos:
- Ayuda a pagar las deudas. A Santa Catalina se le apareció el Señor Jesús y, mostrándole dos coronas, le preguntó: ¿cuál corona escoges para esta vida? y ella aceptó en la tierra la corona de espinas.
- Es señal de la presencia de Dios. Es que, como dice San Pablo, para el cristiano «Todo redunda en bien de los que aman a Dios» (Romanos 8,28). Es que el sufrimientos educa, forma, esculpe el alma para Gloria de Dios.
- Libera de muchos pecados. En 1917, los niños de Fátima pidieron a la Virgen: «que les quitara ciertas enfermedades a algunas personas». La Virgen contestó: «es que si les quito esa enfermedad se perderán y se condenarán». San Juan Bosco, también le dijo a una enferma: «Dios no te concede salud porque te volverá mala y te condenarás». Y la mujer alcanzó un grado de santidad envidiable.
- Resalta el Poder de Dios. Dios mismo se lo dijo a San Pablo: «En la debilidad aparece mi gracia y mi poder» (2Corintios 12). Es que el sufrimiento nos asemeja a Cristo. Por eso, advierte Gandhi: «Si los cristianos practicaran las lecciones del Sermón de la montaña serían santos y transformarían la humanidad».
