El Concilio Vaticano II envió el siguiente mensaje al mundo: «quien desee aumentar su fe debe usar tres medios formidables:
- Pedir a Dios orando. Si rezamos más creemos más. Hay que decir constantemente: «Señor, auméntanos la fe», «Señor, yo creo, pero ayúdame a tener más fe», porque Jesús nos dijo: «todo lo que pidan en oración lo conseguirán», «todo lo que pidan al Padre, en mi nombre, se lo concederá». Pidamos a Dios que nuestra fe no sea una fe muerta, sin obras, sino una fe que nos lleva a la santidad de vida.
- Recibir los sacramentos. En África creen que «el niño que coma el corazón de león se volverá admirablemente valiente». Nosotros comemos el cuerpo y la sangre de Cristo, el hombre más valiente de todos los valientes, porque nos ha dicho: «quién come mi carne y bebe mi sangre tendrá Vida Eterna». Esto implica: hay que comulgar mas, confesarse con humildad y arrepentimiento, y asistir frecuentemente a la Misa, fuente de nuestra fe.
- Leer la Biblia. El enemigo siempre nos pone una trampa de mentira: «Hoy no lea, estás muy cansado»; «Hoy no se lee porque no se entiende»; «Al leer la Biblia me da sueño»; «Hoy no tengo ganas de leer», y así pasa un año, dos o tres, sin leer la Biblia. Así será imposible conseguir la santidad. Hay que comenzar a leer. El que leyó un poco, al menos dirá: «Ah, qué maravilla es esta vitamina para fortalecer mi fe».
