Jesús les advirtió: «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mi». Le dijo también a santa Margarita, en una visión: «Si quieres agradarme, confía en mí. Si quieres agradarme más, confía más. Si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente en Mí». ¿Por qué insiste así? Porque él es el Camino, la verdad y la vida.
Yo soy el Camino. Jesús es el único camino que conduce al Padre. Por eso dice: «Nadie va al Padre sino por Mi». Él es el camino recto, sin atajos ni engaños. Siguiendo a Jesús estamos en lo correcto, seguro, cierto y verdadero. Pero ¿qué lugar ocupa Jesús en tu vida?
Yo soy la Verdad. Jesús es la verdad, nadie más. En Él la Verdad moral (piensa y dice) y la Verdad lógica (piensa y dice, y la realidad) se unen, no hay separación. La «postverdad» (Steve Tesich) del que se habla hoy representa la fake news, deepfakes, clickbait, etc. Son meras falsedades para despertar las emociones, deseos e instintos, y anular las razones. Es decir: se trata de «conectar con la gente de una forma emocional, aunque sea mintiendo». «La postverdad se combate con respeto, formación, transparencia y responsabilidad» (Zafra, Juan Manuel).
Yo soy la Vida. Como cristianos, se supone que hemos de respirar abundante vida. Pero, nos dicen que en general sólo utilizamos el 15% de nuestras facultades y el que usa el 25% es un genio. Es un duro golpe a nuestros gustos, deseos, emociones, instintos, redes sociales. Talento enterrado sin dar fruto. Capital que no rinde. Corazón que no late. Estamos como el asesor de Gandhi, Kálelkar (del que se decía que vivía en el tren), quien a un misionero le dijo: «Padre, le saluda un candidato al infierno».
