Charlie Kirk (Q.E.P.D.), un activista conservador estadounidense, a los 31 años de edad, sufrió un asesinato político de las izquierdas el pasado 10 de septiembre de este año en Orem (Utah), Estados Unidos. Él solía enseñar que se avecinaba una batalla muy grande. Se trata de una batalla espiritual: entre el mal y el bien. El wokismo, que no tolera una idea u opinión contraria a la suya, y el marxismo —en todas sus formas— que, combinados con el islamismo, se constituyen en enemigos del bien, por tanto, de la civilización occidental que ha hecho grande a las naciones.
La civilización occidental, que defiende el bien, la verdad, la ciencia, la vida, la familia, la propiedad y la libertad, se destaca por un estilo de vida muy simple, según Chalie Kirk: «poder casarme, tener una casa, tener una familia, tener hijos, permitirles andar en bicicleta a mis hijos hasta que se pierda el sol, hacerles estudiar en un buen colegio y vivir en una vecindad donde hay baja criminalidad. Que a mis hijos no les enseñen basura sobre lesbianas, gays, transgéneros y demás parecidos. Tampoco tengan que escuchar el llamado de ‘cinco veces’ a la oración musulmana».
La vida de la civilización occidental es la cristiandad, donde Cristo es el centro, es nuestro sacrificio, nuestro esfuerzo, nuestra visión y nuestra vida. Como dice San Pablo: “Para mí la vida es Cristo” (Filipenses 1,21). Las Escrituras, de hecho, son el fundamento de nuestra civilización occidental. Por eso surge un gran grito de llamado a la unidad. No importa si eres europeo, asiático, africano, norteamericano, latinoamericano, negro, blanco o amarillo. Si Jesucristo es nuestro Señor, Salvador y Redentor, entonces, Él es la razón de por qué somos moralmente superiores. Y esa grandeza y superioridad le debemos a Él, a Cristo.
Las dos fuerzas del mal se están uniendo para destruir nuestra civilización. Ellos representan la amenaza más grande contra la grandeza de nuestras naciones. A nosotros, en cambio, nos toca levantarnos como Iglesia para hacerle frente, en virtud de nuestras sagradas escrituras que nos dicen: “No te dejes vencer con el mal; antes bien, vence al mal con el bien” (Romanos 12,21).
