Existen dos verdades sugestivas de la Vida Cristiana:
1. Para seguir a Jesús hay que sacrificarse. ¿Cómo nos sacrificamos? Cumpliendo sus mandatos. Uno de los mandatos para los hijos es este: «Hijos, obedezcan a sus padres, como corresponde a hijos». El otro es: «Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y tengas larga vida» (Ef 6,2-3).
2. El creyente debe calcular los costos. ¿Cuáles son esos costos? Hay que renunciar a todo otro amor. Es decir, hay que amar a Jesús más que a nuestros padres, hermanos, trabajos, tareas, etc.
- Prepararse constantemente, para «alcanzar lo que está a nuestro alcance», pues así se alcanza la sabiduría.
- Estar dispuesto a llevar la cruz. No como si fuera una obligación sino «voluntariamente», con entusiasmo y entrega. No renegando, ni rezongando, ni criticando, ni siquiera lamentándose, sino de buena gana y como corresponde a un buen discípulo.
