Al ser humano le cuesta aceptar el escándalo de la cruz. Los discípulos no eran la excepción. También tenían sus propias expectativas con relación a Jesús, ya que era
Natanael representa a un judío recto y fiel, un judío cabal, de ahí su dignidad. Por eso dice Jesús: «Ahí viene un verdadero israelita, en quien no hay engaño«.