Los personajes de terror, las casas embrujadas, los muñecos diabólicos (como el juego de la ouija), entre otros, tienen un impacto severo en la salud mental y física de las personas. Esto es muy frecuente cuando después de haber participado de este tipo de eventos, las personas quedan aturdidas, asustadas, asqueadas, nerviosas y ansiosas, y pueden persistir incluso después de Halloween.
Luego vienen a mí a contarme que han visto sombras, han escuchado voces, vieron al diablo en forma de una cabra que les iba persiguiéndoles, sienten que alguien les está siguiendo, ven duendes y otros seres extraños, y que necesitan que les ayude. Pero después de hacerles preguntas, casi siempre se llega a la conclusión de que están o fueron partícipes de este tipo de actividades macabras de Halloween o se han acostumbrado a ver películas de terror. Debido a estos efectos, invadidos por el miedo, no soportan ya la oscuridad y tienen que dormir con las luces encendidas. Mi pregunta es: ¿para qué ensuciar o manipular el orden de nuestra mente con ese tipo de cosas extrañas?
Primero. Los niños, especialmente, no pueden estar expuestos a este tipo de cosas y menos participar de ellos. ¿Por qué? Porque ellos los dan por reales esos disfraces de asesinos en serie, psicópatas, muñecos diabólicos, brujas, entre otros, ya que ellos no tienen la suficiente capacidad como para captar la diferencia entre lo que es real y lo que no lo es. No tienen aún la consciencia desarrollada y, por tanto, borrar de la mente les será muy difícil. Por lo que esta actividad macabra de Halloween, si es lo suficientemente aterrador, tiende a permanecer por mucho tiempo en la mente de los niños. Su permanencia puede ser catastrófica a nivel mental y físico. Por tanto, puede funcionar como un detonante de una serie de enfermedades mentales. ¡Ten cuidado!
Segundo. Para las personas con trastornos y sensibilidades mentales, eventos como los de Halloween, con disfraces aterradores, pueden desencadenar ataques de ansiedad o recaídas que, a su vez, pueden desembocar en traumas no fáciles de tratar. Por tanto, la sobreexposición al miedo y al terror puede causar falta de sueño, lo que a la larga puede provocar retrasos en el crecimiento y el desarrollo.
Tercero. Si eres creyente, cristiano o católico, incluso franciscano, no necesitas pervertir tu fe con cosas que no alimentan tu alma, no incrementan ni tu fe ni tu inteligencia, ni el respeto por Dios ni son parte importante de nuestras sanas costumbres. Lo único que hace es pervertir y ensuciar nuestra mente. Por medio del miedo y el terror, lo único que vamos a conseguir es alejarnos de Dios y abrir nuestras puertas a las fuerzas del mal. Hemos sido creados a imagen de Dios, no del diablo. Por lo tanto, nuestra tarea es progresar en la convicción de que “Si Dios está con nosotros, ¿Quién estará contra nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? En todo esto vencemos gracias a aquel que nos ha amado”. Así que no nos compliquemos la vida comprometiendo nuestra propia salud mental y física, ni la de nuestros seres queridos.
