Era un padre que regaló tres loritos a su hijo que se iba a estudiar a la capital. Los tres estaba bien instruidos. El primero sabía decir: «Hijo, recuerde que para Dios no hay nada imposible»; el segundo: «Hijo, no te olvides de dar buen ejemplo» y el tercero: «Hijo, recuerde que eres ciudadano del cielo».
El joven se fue con los tres loritos. Pero estos, uno después del otro, repetían las frases todas las mañanas, especialmente cuando el joven salía de su casa. Con el tiempo, el muchacho se convirtió en una buena persona y buen estudiante. Entonces, uno de sus compañeros le preguntó cuál era su secreto. Él le contestó que eran los loritos. Y eso es lo que nosotros también no hemos de olvidar:
- Recordar que para Dios no hay nada imposible. Abraham, creyó en las promesas de Dios. Esto le llevó a creer que lo que produce el éxito es la bendición de Dios. En cambio, nosotros le fallamos a Dios (nuestros hogares son un infierno por estar desprotegidos).
- Tienes la tarea de dar buen ejemplo. El ejemplo de los mayores marcan profundamente la vida de los jóvenes. Ellos nos están observando. ¿Qué imágenes e impresiones estamos dando? Procuremos no herir la mente de nadie.
- Recordar que eres ciudadano del cielo. En la Transfiguración se revela nuestra condición futura que no hemos de olvidar. Las personas podemos mejorar nuestro aspecto espiritual con la ferviente oración. La oración transfigura, cambia y transforma a las personas. Asimismo, la oración nos predispone a escuchar la Palabra de Dios.
Por tanto, aprovechemos estos recursos para nuestro bien espiritual y corporal en esta Cuaresma.
